Durante la pasada feria Expoelearning 2012 que tuvo lugar en Madrid, asistí al CAMPUSCLAY, organizado por CLAY Corporate. En concreto, quiero hablarles de uno de los temas que allí se trataron: el incipiente uso de Kinect en acciones formativas.
Kinect es un controlador de juego desarrollado por Microsoft para la videoconsola Xbox 360, y desde junio del 2011 para PC a través de Windows 7 y Windows 8.
Kinect permite a los usuarios controlar e interactuar con la consola o PC sin necesidad de tener contacto físico, mediante una interfaz natural de usuario que reconoce gestos, comandos de voz, objetos e imágenes.
En el taller nos mostraron algunos casos de éxito en el uso de Kinect como herramienta para la formación: medicina, fisioterapia, mecánica, conducción, música…
Por ejemplo, yo veo clarísimo el uso de Kinect en fisioterapia: puedes ayudar a los pacientes a realizar sus ejercicios de rehabilitación de una forma más amena, pero siempre controlada y monitorizada. Aquí, Kinect aporta un gran valor añadido al monitorizar los movimientos del paciente e interactuar con ellos en el videojuego que conforma la rehabilitación, motivándoles mediante la consecución de puntos al realizar los ejercicios correctamente.
Sin embargo, ¿qué aporta Kinect al desarrollo de competencias, como las que desarrollamos en el IIC? Iniciativa, liderazgo, orientación al cliente… son competencias más bien “cognitivas”, no se ven implicadas necesariamente acciones motoras para su ejecución. ¿Qué beneficios adicionales aporta Kinect para el desarrollo de estas competencias, que no puedan conseguirse mediante un curso basado en texto, imágenes, audio o video?
En cambio, hay una competencia en la que Kinect creo que podría aportar un gran valor añadido. ¿Se imaginan un curso para aprender a hablar en público, donde se monitorizaran sus gestos, expresión facial, incluso tono de voz, y se le diera feedback sobre su correcto uso?
Ciertamente, como comentaba Carlos Martín Casanova (Sales & Business Development Manager en CLAY Corporate), Kinect debe ser entendido como una herramienta más al servicio de los objetivos pedagógicos.
El uso de las nuevas tecnologías no debe ser el fin de la formación, sino su herramienta. A veces caemos en el error de utilizar las más novedosas tecnologías sólo porque son novedosas, y nos pueden hacer parecer ante el cliente como los más punteros.
La novedad, el mayor interés o la diversión, ¿compensan por sí solas el esfuerzo económico que debe hacerse para implementar esta tecnología?
Yo creo que no. Busquemos entonces el valor añadido que cada herramienta aporta para lograr un objetivo pedagógico concreto y lograr que nuestros alumnos aprendan, retengan y apliquen en su día a día lo que queremos enseñarles de la forma más efectiva. Esto implica además, no reemplazar de forma sucesiva unas herramientas por otras por el hecho de resultar más novedosas sino hacer uso de todas ellas aprovechando las potencialidades de cada una.